Abad y ballestero, mal para los moros.
Un caballero no puede pegarle a una mujer ni siquiera con una flor.r
Aprieta el pan que se te cae la magra.
Es una pena ser viejo, pero no lo es todo el que quiere.
Bendito y alabado; que amanezco vestido y calzado.
La tristeza es como un vestido rasgado: hay que dejarlo en casa.
Por oír misa y dar cebada no se pierde jornada.
Un barbudo, un cano, un licenciado, si no nieva el invierno se ha acabado
La gotera cava la piedra.
Cuando malaya llegue; ya el caballo está cansado.
El que tiene buba, ése la estruja.
Una y no más Santo Tomás.
A grandes males, grandes enfermos.
Rico y de repente, no puede ser santamente.
Humedades de Abril, malas son de salir.
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.
La mujer con su marido, en el campo tiene abrigo.
La taleguilla de la sal, mala de sustentar.
Casado, pero no capado.
Cuando un hongo ha crecido, ya no vuelve a entrar en la tierra.
Vida del campo, o para tonto, o para Santo.
Parto malo, e hija en cabo.
La mujer consigue plata con solo alzarse la bata.
Dios nos libre de la cólera de un hombre manso.
La que fácil llega, fácil se va.
Hay tres cosas que nunca vuelven atras: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida.
El que va para viejo va para pendejo.
La mujer para ser buena, poco culo y buenas tetas.
A la cena y a la cama, solo una vez se llama.
Lo que del corazón rebosa, sálese por la boca.
Cuando se vuelven las tornas, medio mundo se trastorna.
La dignidad no ha perdido, quien tiene un solo marido.
Irase lo apetecido, y quedará lo aborrecido.
Con un fraile no puede nadie, con dos, ni Dios, con una comunidad, ni la Santísima Trinidad.
Por Santa Catalina, la nieve se avecina.
Mano que te da de comer no has de morder.
Donde pan comes migas quedan.
La mentira busca el rincón.
Siempre hay un roto para un descosido.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
Al hijo de la hija, métele en la vedija; al de la nuera, dale pan y échale fuera.
Negocian los hombres sabios, disimulando injurias y sufriendo agravios.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
Cuando árbol cae, los monos se dispersan.
A la vaca, hasta la cola le es abrigada.
De la panza sale la danza.
A la buena casada, solo su marido le agrada.
Ave de mal agüero, a mi vera no la quiero.
Por do salta la cabra salta la que mama.
Tus pies te llevarán allí donde esté tu corazón.