El marido y la mujer deben ser como las manos y los ojos: cuando duele la mano, los ojos lloran, y cuando los ojos lloran las manos secan las lágrimas.
Donde no hay cabeza todo se vuelve rabo.
El perro que mucho lame, chupa sangre.
Carne de cochino, pide vino.
La alegría rejuvenece, la tristeza envejece.
Quéjese de la muela aquel al que le duela.
Dichoso el mes que entra con Todos los Santos y sale por San Andrés.
De Dios logra la gracia el que se conforma con su desgracia.
De pregonero a verdugo, mirad como subo.
A fraile no hagas cama; de tu mujer no hagas ama.
Cuando dos elefantes riñen la que se lamenta es la hierba.
La morcilla reciente, cómela con tu pariente.
De un cólico de vino y espinacas no se muere ningún Papa.
Melón es el casamiento, que solo lo cata el tiempo.
Culo sentado, hace mal mandando.
Dame rojura y te daré hermosura.
Las desgracias no entran nunca por la puerta que les hemos abierto
Dad al diablo el amigo que deja la paja y se lleva el trigo.
Calumnia, que algo queda.
Quedar como novia de pueblo (vestida y alborotada).
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
Son nones y no llegan a tres.
En casa del mezquino, más manda la mujer que el marido.
A tal puta, tal rufián.
Soldado que huye sirve para otra guerra.
Cualquiera puede caer por descuido en el heroísmo
Nunca se pierden los años que se quita una mujer; van a parar siempre a cualquiera de sus amigas.
Más vale mendrugo que tarugo.
Donde no se gana nada, algo se va perdiendo; por lo menos, el tiempo.
El que bien vive, harto letrado es.
Beber sudando agua fría, catarro o pulmonía.
En casa de tu enemigo, la mujer ten por amigo.
Maldigo el diente que come la simiente.
Al romero que se le seca el pan en el zurrón, no le tengas compasión.
Viejos los cerros y reverdecen
Escuchar cientos veces; ponderar mil veces; hablar una vez.
Oye los consejos la vieja como el gotear de las tejas.
La vida no es un problema para resolver: es un misterio para vivir.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
Cuando la borrica quiere correr, ni el borrico la puede detener.
Acójome a Dios que vale más que vos.
Es más puta que una gallina.
Cuando la hija le llega a la madre a la cintura, ya no tiene hija segura.
Las enfermedades son el impuesto que se paga por los placeres prohibidos.
Fruta que pronto madura, poco dura.
El que corre mucho se cae de panza y el que no corre no alcanza.
Viento, mujer y fortuna, mudables como la luna.
De mala vid, mal sarmiento.
El que de treinta no sabe y de cuarenta no tiene, no lo aguarde si no es que herede.