Cague la espina quien se comió la sardina.
Dios lo da y el diablo lo guisará.
A quien ganando no guarda, media albarca; y a quien ni ganar espera, abarca entera.
A ti te digo hija, para que entienda la hijastra.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
Perro no come perro y tú ya me estás tragando.
El que ríe el último, ríe dos veces.
Hablen cartas y callen barbas.
Nota: Imita la fonética del inicio del canto de requiem "dies irae dies illae" ("día de ira, día de lágrimas") inspirado en Sofonías 1, 14. [1]
Quien no conoce a Dios, dondequiera se anda hincando.
Ha de salir la corneja al soto.
Cual el tiempo, tal el tiento.
Nunca un peligro sin otro se vence.
A donde te duele, ahí te daré.
Amor por interés, se acaba en un dos por tres.
Al mal año, entra nadando.
Aceitunas: una oro, dos plata, la tercera mata.
Mala hasta vieja la zangarilleja.
Neblina, del agua es madrina.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Lo dicho, dicho está.
Jugar y nunca perder, no puede ser.
Honra sin provecho la digo pecho.
La leña del cerezo, salta a la cara del viejo.
El que teme a sufrir, sufre de temor.
El viejo y el horno por la boca se enciende.
El tonto ni de Dios goza.
Moro viejo no puede ser buen cristiano.
Palabras de santo, uñas de gato.
La mujer que buen pedo suelta, no puede ser sino desenvuelta.
Hablar más que lora mojada.
Cuando la mula ríe, el asno llora.
De hombres es errar, y de burros rebuznar.
O todos en la cama, o todos en el suelo.
Salud y alegría belleza cría, atavío y afeite cuesta dinero y miente.
Quien al cielo escupe, en su cara repercute.
La que ha sido campesina, ni con guantes se pone fina.
Camina más una hormiga que un buey echado.
De oportunidades perdidas se encuentra llena la vida.
Abad de aldea, mucho canta y poco medra.
Dios castiga sin dar palos, a los buenos y a los malos.
Es preferible sufrir un agravio que causarlo.
Oír, ver y callar, para en paz estar.
Llover sobre mojado, mil veces ha pasado.
Pecado de mucho bulto, no puede estar siempre oculto.
El Rey reina, más no gobierna.
El casado casa quiere.
Para aprender a nadar, meterse al pozo o al mar.
Abejas sin reina, la colmena en ruina.
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.