Cuando el Mapou (roble-árbol) muere, las cabras se comen sus hojas.
Date tono Mariquita, que un aguador te solicita.
A la moza mala, la campana la llama, que a la buena, en casa la halla.
Casa con una sola puerta, el amo alerta.
A muy porfiado pedir, no hay que resistir.
De aquellas chanzas vienen estas danzas.
Los ríos hondos corren en silencio, lo arroyos son ruidosos.
Buen moro, o mierda u oro.
El árbol no niega su sombra ni al leñador.
Clérigos y cuervos, huélganse con los muertos.
Oficio merdulero, criar al hijo y después al nieto.
Allá ellos que son blancos y se entienden.
La tortilla y la mujer, se han de comer en caliente, pues si las dejas enfriar, ni el diablo les clava el diente.
A Dios, lo mejor.
Viento, mujer y fortuna, mudables como la luna.
A misa temprano nunca va el amo.
Panojal que embarba, garojo que desgrana.
Las mujeres hablamos demasiado, pero no decimos ni la mitad de lo que sabemos.
Ni adobo sin ajo, ni campana sin badajo, ni viudita sin su majo.
Preferir ser jade en añicos antes que una teja entera.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
Diciembre, mes de hielo y mes de nieves.
Fuego guisa hoya, que no moza orgullosa.
No se cava con el mango de la azada, pero el mango da a cavar.
A todo coche, le llega su sábado.
Qué es una raya más para el tigre.
El cuerpo eterno del hombre es la imaginación
Antes falta la palabra en la plaza, que el estiércol en la haza.
Cuando suena la almirez, las doce están al caer.
No renunciar a sus esperanzas hasta llegar al río Huanghe.
Dar cuenta clara con paga, es de persona honrada.
Malo si izan, y malo, si no izan.
Dime matagatos, que he matado un gato.
Casa hecha, sepultura abierta.
El hombre necio, menosprecia a su madre.
El guerrero no es alguien que pelea, no tiene derecho a tomar la vida de otro. El guerrero, para nosotros, es aquel que se sacrifica por el bien de los demás.
Por San Miguel se cata la miel; quien no la catare, le amargare.
Luna en creciente, cuernos a Oriente.
Hacienda de señores, cómenla los administradores.
Aquel que reconoce la verdad del cuerpo puede entonces conocer la verdad del universo.
Comamos y amemos, y no nos engañemos.
A borregos recién esquilados, no les mande Dios viento helado.
El que a pueblo ajeno va a casar, o va engañado o va a engañar.
Las cosas importantes quedan en el cajón.
La mujer que de día calla por la noche manda.
La mejor palabra es la que no se dice.
Las grandes palabras y la tela nueva siempre encogen.
Cocido o crudo, en el fuego estuvo.
El que a pueblo ajeno va a pretender, o va a dar perro, o a que se lo den.
Ruego de Rey, mandato es.