A veces el amor perfecto llega con el primer nieto.
La mujer y la gaviota, cuanto más viejas más locas.
Los castellanos tienen más lengua que manos.
Lo que se gana con el culo vase como el humo.
Aceptar un don, requiere discreción.
Dulce y vino, borracho fino.
El corazón de un niño: espera lo que desea.
Paja al pajar y barberos a rapar.
Julio, siega y pon tres cubos.
Comida gustosa: un poquito de cada cosa.
De bromas pesadas, veras lamentadas.
Por el rastro se da con la liebre.
Maneja tu negocio; no dejes que él te maneje a ti.
Cada agujetero alaba sus agujetas.
Vamos arando dijo la mosca, sobre lo cachos del buey. Siempre uno trabajo mas que otro.
Cuando llueve en San Canuto, tres meses justos.
Casa nueva, no habites en ella.
Por la barriga y la ubre, la que es vaca se descubre.
El príncipe iletrado es un burro coronado.
Más peligroso que tiroteo en ascensor.
El que da, recibe.
Las aguas mansas son las peores
El cantar, alegra el trabajar.
El que araña y muerde, poco puede.
Más obrar que hablar.
Es lo peor poner a un indio a repartir chicha.
Por la muestra se conoce el paño.
El pobre es rumboso; el rico roñoso.
Entre bodas, fiestas y meriendas, ¿quién cuidará tu hacienda?.
Si quieres ser estimada no te roces con cualquiera, que la fruta mayugada se pudre y no hay quien la quiera.
Dame consejos sanos y dinero para ejecutarlos.
Pan no mío, me quita el hastío.
Quien por su gusto padece, que vaya al infierno a quejarse.
Un diablo bien vestido, por un ángel es tenido.
En mi casa mando yo que soy viudo.
Comida, cama y capote, que sustente y abrigue al niño y no le sobre comido.
La gloria del amante es la persona amada.
De sabios es cambiar de parecer.
Como al hierro la herrumbre, la envidia al hombre consume.
El lo que se pierde, se aprende.
Cerca le anda, el humo tras la llama.
Lágrimas Las del heredero son risas encubiertas.
Ser más bueno que el pan.
Can de buena raza, si no caza hoy, mañana caza.
Consejo es de sabios perdonar injurias y olvidar agravios.
A la mujer bigotuda, de lejos se le saluda.
Entendido y anotado.
El adulador corrompe a su patrón rascándole la espalda
Predicar en desierto sería gran desacierto.
El que da lo que tiene en vida, que coja la bolsa y pida.