Vaca flaca, siempre parece ternera.
El que utiliza un gran haz de leña para cocinar no tiene consideración con el que ha de recoger la leña.
La liebre adiestrada, presto sale a la vereda.
Casa donde manda la mujer, no vale un alfiler. Pero las hay por doquier.
Sabe más el tonto en su casa que el listo en la ajena.
La mujer del ciego, ¿para quién se afeita?.
Por un oído le entra y por otro le sale.
Obra bien empezada, medio acabada.
Al saber lo llaman suerte.
La mujer buena, de la casa vacía hace llena.
Con el viento se limpia el trigo, y los vicios con castigo.
Tres cosas hay que matan al hombre: putas, juegos y medias noches.
A la larga el buen manjar, cansa al fin el paladar.
Quien a heredar aspira, larga soga estira.
El sastre engaña al parroquiano, y bien vestido el parroquiano, a la mitad del género humano.
Muero más xente por comer que por ir a la guerra.
Al ausente, por muerto le da la gente.
Odia el pecado y compadece al pecador.
A la vejez se acorta el dormir y se alarga el gruñir.
Quien bien quiere, bien obedece.
Mal año espero si en Febrero, anda en mangas de camisa el jornalero.
Estás más perdido que un juey bizco.
De cuero ajeno, correas largas.
Cree el ladrón que todos son de su condición.
Avanza, avanza; que la juventud no se cansa!
Si te señalo la luna, no te quedes mirando mi dedo.
La lengua de las mujeres es su espada, y, por cierto, nunca la dejan enmohecerse.
La sandia, que es colorada, tiene lo verde por fuera.
El buen vino no merece probarlo, quien no sabe paladearlo.
Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.
Guárdate del agua mansa; que de la recia, ella misma te aparta.
Pocas palabras son mejor.
El que se afloja se aflige.
Arremangóse mi nuera, y volcó en el fuego la caldera.
Un mal juicio conduce a malas decisiones.
La oveja mansa, se mama su teta y la ajena.
Fruta que madura verde, se pone amarga y se pierde.
Para bien hablar, antes bien pensar.
Procure ser en todo lo posible el que ha de reprender irreprensible.
Dañada una pera, dañadas sus compañeras.
Aurora rubia, o viento o lluvia.
En tiempo de guerra cualquier hoyo es trinchera.
La Justicia y la razón, las más recias armas son.
Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
Sin sal, todo sabe mal.
Pascua pasada, el martes a casa.
Si los tontos volaran, quince años nublado.
El hombre más insignificante y débil puede hacer algún daño.
A buen comedor, quitárselo de delante.
Plata refinada es la lengua del justo; el corazón del malvado no vale nada.