Acostumbrado a su cueva el armadillo no se aleja.
No hay mujer por buena que sea, que cuando mea no se pea.
Al mal trabajador no le viene bien ningún azadón.
No hay mula con cuernos, ni mujer discreta.
No falta un burro en un mal paso.
Solo los necios y los tontos tiran piedras a su propio tejado.
A ninguno le hiede su mierda sino la ajena.
Ni carbón ni leña compres cuando hiela.
Las grandes penas no se quejan.
En lugar ventoso, tiempo sin reposo.
Ni compres de ladrón, ni hagas lumbre de carbón.
Durará o no durará, pero lo que es hacerlo, hecho está.
En vida de nadie te metas que salen perdiendo las alcahuetas.
Nadie le da vela en este entierro.
El perro no come perro, ni el gorgojo come fierro.
A gran hambre no hay pan malo, ni duro ni bazo.
Nadie muere motón.
Cuando llueve no todos nos mojamos.
Hombre probo y recio, no tiene precio.
Ningún mortal peca, cuando defeca.
A la fuerza, ni los zapatos entran.
Ni hables como doliente, ni vivas entre vil gente.
Villano terco y cazurro, nunca cae del burro.
Mucho beber y no caer, non pode ser.
El viento y la marea no esperan a nadie.
A la muerte no hay cosechador que la coseche.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
La astuta raposa borra las pisadas con la cola.
Ninguno muere tan pobre que la ropa no le sobre.
Piedra movediza no cría moho.
Vida del campo, o para tonto, o para Santo.
Antes doblar que quebrar.
Ninguno pierde jugando lo que gano cavando.
Don Din nunca parece ruin.
A gran seca, gran mojada.
El que no cae no se levanta.
Al hombre que camina, no se le paran las moscas encima.
Alza en blando, bina en duro y no verás a tu suegro sañudo.
La pereza hace todas las cosas difíciles.
Al amigo no apurarlo ni cansarlo.
Ni tras pared ni tras seto digas tu secreto.
A la muerte, no hay cosa fuerte.
Del hombre bruto, no sale ningún fruto.
No hay caldo que no se enfríe.
De abrigado a nadie vi morir, de desabrigado sí.
De floja tierra, nunca abundante cosecha.
Ninguno por ser querido se esfuerce, que a veces lo torcido se destuerce.
Trabajo ajeno pesa menos que el heno.
Palabra de boca, piedra de honda.
Al acebuche no hay quien le luche.