Gozarse en el mal ajeno, no es de hombre bueno.
A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.
Más vale estar pelada que amortajada.
Amor no sufre ausencia.
Da órdenes, no hagas más y nadie se moverá.
El árbol con demasiadas hojas no da siempre frutos sabrosos.
Mal duerme quien penas tiene.
Nunca falta un culo para un bacín.
Quien compra al amigo o al pariente, compra caro y queda doliente.
Todo día tiene su noche, toda alegría tiene su pesar.
Quien nada hace, nada teme.
A lo que se quiere bien, se castiga.
Mala es la llaga que con vino no sana.
Nunca pares donde haya perros flacos.
No hay mayor pena que perder a una mujer buena.
Sufro y callo, por el tiempo en que me hallo.
Tiempo pasado, con pena recordado.
Un coloño bien atao, evita dos mandaos.
A nadie le huelen mal sus pedos, ni le parecen sus hijos feos.
No comer por haber comido, es bienvenido.
Nunca falta un roto para un descosido, ni una media sucia para un pie podrido.
Contra lo malo aprendido, el remedio es el olvido.
No hay almohada más blanda que una conciencia tranquila.
A canto de sirenas oídos de pescadores.
A quien enferma para morir, ningún remedio puede servir.
Bromas pesadas solo al que las da le agradan.
El corazón conoce la amargura del alma.
A braga rota, compañón sano.
Pobreza, víspera de vileza.
Quien no llora, no mama!
A nadie le amarga un dulce.
Del mal que hicieres no tengas testigo, aunque sea tu amigo.
Al mal dar, tabaquear.
Cabra coja, mal sestea.
Si ofendes serás ofendido
Si la fuerza hace vencedores, la concordia hace invencibles.
Culo sentado, hace mal mandando.
Envidia, ni tenerla ni temerla.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
Donde hay pastor y ovejas, nunca faltan quejas.
No hay nadie más sordo que quien no escucha los consejos de otro.
La alegría es el remedio universal de todo mal
Es como tener un tío en Alcalá, que ni tienes tío, ni tienes na.
La pobreza no es vicio; pero es un inconveniente.
Corazón apasionado no sufre ser aconsejado.
La envidia puede herir a lo que se tiene; pero no a lo que se es.
Al mal trabajador no le viene bien ningún azadón.
Las penas no matan, pero ayudan a morir.
Está como abeja de piedra.
En la naturaleza, no hay castigos ni premios, solo consecuencias.