Un suspiro es poco alivio.
Hay hombres como el dado: que se están de cualquier lado.
Un corazón feliz es un filtro mágico para hacer oro
El que a feo ama, bonito lo ve.
Hay que darle tiempo al tiempo.
El que mucho te cela es porque bien te quiere.
Reborada al poniente, bueno al siguiente.
Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender.
Llenar el tarro.
Dios castiga sin dar palos, a los buenos y a los malos.
A la orilla del río te espero, galapaguero.
Guay de gachas, a tal hora comidas y con punta de alfiler.
Tanto hace por su fama quien te envidia como quien te alaba.
Al ganado esquilado manda Dios viento moderado.
Con quien no tiene más Dios que su plato, poco trato.
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.
Cuando dos corazones están de acuerdo incluso un pajar es un lecho de alegrías
A lo que se quiere bien, se castiga.
Si vences la desesperación vencerás otras batallas
Toda flor quiere ser fruto.
Sacar las cosas de quicio, no se hace sin perjuicio.
La primera vez es una gracia, la segunda vez es una regla.
De casa del abad, comer y llevar.
Lo que se pierde en una casa, se gana en otra.
Si quieres vivir en paz escucha, observa y calla.
Señor por señor, el padre es el mejor.
Mujer precavida vale por dos.
Después de la risa viene el llanto.
Más vale muchos pocos que pocos muchos.
Cada cual se reparte con la cuchara grande.
la ropa son alas.
Roban un cordero o dos, y dan los pies por amor a Dios.
Encargo sin plata, no pesa ni mata.
No ofende quien quiere sino quien puede.
A cada puerta, su dueña.
Del todo no muere el que deja por donde se le recuerde.
No hay viejo sin dolor.
El que de amarillo se viste a su hermosura se atiene.
Lo tragado es lo seguro.
Más vale una cabra que da leche que una vaca estéril.
Dinero sin caridad, es pobreza de verdad.
Contra la gota, ni gota.
Más vale pocos muchos, que muchos pocos.
A gordo mendigo pocos dan zatico.
Si haces mal, pecado mortal; pero si haces bien, pecado también.
Aqueste tu apetito baja, que con vejez o muerte, todo pasa.
¡Qué te fagorizen! (publicidad española de finales de los 60. FAGOR).
De la corriente mansa me libre Dios, que de las aguas bravas me libro yo.
Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento.
Cartas que deprisa se escribieron, mil disgustos dieron.