A cada uno Dios da el castigo que merece.
Barba a barba, vergüenza se cata.
Mas vale un grito a tiempo que un sermón bien deletreado.
Dar al olvido.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
En la casa del cura siempre hay hartura.
Dios da nueces a quien no sabe cascarlas.
Ciento que hice, a todos satisface; pero una que erré, y todas las cagué.
Haya marido, aunque sea de grano mijo.
Ser lento en dar es como negar.
Un benefactor es el que me hace bien, incluso aunque haga mal a todo el mundo.
Solo la modestia señala los actos de un hombre noble.
Nada más que me enderece dijo el jorobado.
Lo que con ansia se alcanza, a la larga, también cansa.
Si preguntas sentirás vergüenza un minuto, si no lo haces sentirás vergüenza toda la vida.
Abierto el saco, todos meten la mano.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Tal hora el corazón brama, aunque la lengua calla.
Del ahogado, el sombrero.
Para bien morir, bien vivir.
No des consejo a quien no te lo pide.
Mucho dinero, época virtude; poco dinero, mucha salud.
Da a los ricos lo suyo, a los pobres lo tuyo.
Manos frías, amor para un día, manos calientes, amor para siempre.
Lo que no pensé antes de hablar, después de hablado me da que pensar.
En casa limpia los ángeles bailan de gusto.
Mal reposa la vida dudosa.
Más puede diligencia que ciencia.
A quien se aventura, Dios le ayuda.
Santo que mea, maldito sea.
Olla sin sal, haz cuenta que no tienes manjar.
Tras cada bocado, un trago, sería demasiado; pero tras cada tres, justo es.
La mujer virtuosa, corona es de su marido.
Dos en pleito, para ellos es el daño y para otros el provecho.
A los enfermos los sanos buenos consejos les damos.
Agua caliente, salud para el vientre.
A las veces, do cazar pensamos, cazados quedamos.
Adonde quiera que fueres, ten de tu parte a las mujeres.
El que exprimió su limón que se tome su agrio.
A buen hambre, no hace falta condimento.
Mas dichoso es mendigo sano, que rey enfermo.
Cada cual mire por su cuchar.
La cultura es como el azúcar; aunque haya poca da dulzor.
Pronto y bien no hay quien.
Remendando y zurciendo, vamos viviendo.
El aprendizaje es un tesoro que seguirá a su dueño a todas partes.
Ni te abatas por pobreza, ni te ensalces por riqueza.
Cuando no aprovecha la fuerza, sirva la maña y la cautela.
Quien no sabe, no vale nada.
Lo que bien se aprende, nunca se pierde.