Lo comido por lo servido.
No es virtuoso quien no se alegra con la virtud.
Retén y no des: porque si das, día llegará que pedirás.
Ni miento ni me arrepiento.
La cortesía exige reciprocidad.
Si no cobras por tu trabajo, ni eres pagado ni agradecido.
Honra merece el que a los suyos se parece.
Aquí paz y en el cielo gloria.
La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
Cada día, su pesar y su alegría.
La generosidad consiste en dar antes de que se nos pida.
Variante: El trabajo ennoblece a quien lo hace.
Feliz es el hombre que encuentra un amigo generoso.
El que se brinda se sobra.
A la mujer honrada, su propia estima basta.
El que poco pide, poco merece.
A cualquier dolencia, es remedio la paciencia.
La lealtad se paga.
El que da lo que tiene antes de la muerte merece que le den con un canto en los dientes.
Aunque esté justificada, la felicidad siempre es un privilegio
El mejor adorno es, la modesta sencillez.
Aclaración no pedida, acusación manifiesta.
El perdón sobraría donde el yerro falta.
Las felicidades que gustan no duran demasiado
No desprecies a quien poco es, que algún días mucho podrá ser.
Mucho preito hace mendigo.
Un gran hombre comparte lo que tiene con los demás.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
Brindo y bebo, y me quedo convidado para luego.
La alegría es un tesoro que vale más que el oro.
Lo heredado y lo ganado al juego, se tiene en poco aprecio.
A quien te hizo beneficio, está siempre propicio.
El que regala, no vende; pero sorprende.
El que quiera honra, que la gane.
A la Virgen, salves; a los Cristos, credos; pero a los cuartos quedos.
La alegría es el mayor bien de la vida.
No hay mejor herencia, que trabajo y diligencia.
A quien da y perdona, nácele una corona.
Dar cuenta clara con paga, es de persona honrada.
Pecado callado, medio perdonado.
Adonde no hay remedio, haya paciencia.
Cortesía de palabra, o conquista o empalaga.
Lo de esta vida es prestado, que en un instante lo hemos de dejar como otros lo han dejado.
Cortesía de boca, mucho consigue y nada cuesta.
Antes es la obligación que la devoción.
Más vale un "por si acaso" que un "¡válgame Dios!".
No hay dicha, sino diligencia.
Ofrecer y no dar, es deber y no pagar.
Muestra gran respeto por tu semejante.
Bueno es el rigor; pero la misericordia es mejor.