Buenas palabras no te quitan dinero del arca.
El mundo es de los audaces.
Nunca buena puta ventanera, pues que no halla quien la ocupe y quiera.
La niña que más se cuida, resulta a veces jodida.
Se debe desconfiar de un mal libro como de una seroiente, que temprano o tarde da muerte a los que se distraen en ella.
A bien se llega quien bien se aconseja.
La imagen de la amistad es la verdad
Loca es la oveja que al lobo se confiesa.
Por la hebra y por el hilo, se sava el ovillo.
El amor vence todo.
De pregonero a verdugo, mirad como subo.
A veces el amor perfecto llega con el primer nieto.
A cautela, cautela y media.
Al mayor peligro, el mayor auxilio.
Confianza sin tasa empobrecerá tu casa.
El mundo es una rosa, huélela y pásala a tu amigo
El que da sin que le pidan, pretende sin que le ofrezcan.
Mujer casada, casa quiere.
Ira, miedo y celos fieros, son muy malos consejeros.
Casa sin hijos, higuera sin higos.
Guárdate del amor que te mira los bolsillos
Una cosa es predicar y otra distinta dar ejemplo.
Dios, si da nieve, también da lana.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.
Mujer ventana, poco costura.
El dar limosna nunca mengua la bolsa.
Si tu problema tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no la tiene? ¿por qué te preocupas?
Dar a la tierra el grano, para que retorne la mazorca.
Quién quiere, podrá otro día si hoy no puede.
Bendita sea la herramienta; que pesa, pero alimenta.
Sin dudar, no hay acertar.
La justicia no corre, pero atrapa.
La buena hilandera, con el rabo del asno, hilaba su tela.
Consejo de quien bien te quiere, escribelo aunque no lo apruebes.
Que aproveche como si fuera leche.
Mucho dinero, época virtude; poco dinero, mucha salud.
El zorro que come gallinas cuando ve el gallinero suspira.
Que mi Dios nos dé un varón, aunque resulte bribón.
Cuando dos corazones están de acuerdo incluso un pajar es un lecho de alegrías
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
el fracaso es la madre del éxito.
Donde uno piensa, otro sueña.
Mejor precavido, que arrepentido.
Cumplir cada uno su deber a nadie sino a Dios temer.
Echad los prejuicios por la puerta: volverán a entrar por la ventana.
No creas en el llanto de un heredero, muy a menudo no es más que una risa disimulada
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
El dinero no da la felicidad; pero como calma los nervios.
Habiendo fiesta y velorio regado, no hay novia fea ni muerto malo.
Vivir es morir lentamente.