Lo que del corazón rebosa, sálese por la boca.
A quien cuece o amasa, no hurtes hogaza.
Cuando el gallo canta y después bebe, pronto truena o llueve.
Las truchas y las mentiras, cuanto mayores, tanto mejores.
Del viejo, el consejo; y del rico el remedio.
Quien mea y no pee, es como quien va a la escuela y no lee.
El hábito es al principio ligero como una tela de araña, pero bien pronto se convierte en un sólido cable.
¡A darle que es mole de olla!
El que hace bien a los demás se beneficia a sí mismo.
Decir pares, y salir nones, les ocurre a los mamones.
De un hombrecillo iracundo se ríe todo el mundo.
El alma cruelmente herida, perdona pero no olvida.
El corazón no sabe mentir
La corneta, lo mismo toca a diana que retreta.
Más maestra es la adversidad que la prosperidad.
El que actúa lo hace sin consciencia; solo quien medita es consciente
Del ahorro viene el logro.
Uso tu propia lanza contra tu propio escudo.
Ignorante y burro, todo es uno.
La amistad termina donde la desconfianza empieza.
Durante los meses de mal tiempo el agua corre hacia atrás
La diligencia es la madre de la buena forma.
Que cada zorro cuide su propia cola.
Lo que más se quiere, presto se pierde.
Los carpinteros dan forma a la madera; los flecheros dan forma a las flechas; los sabios se dan forma a sí mismos.
Lo mucho se gasta, y lo poco basta.
¿Qué hacéis, mosquitos?. Aramos, porque sobre el buey que ara andamos.
Acá como allá, y allá como acá.
Va para atrás como el cangrejo.
De pastores, pastoradas y si te embobas alguna pedrada.
El vicio envilece y la virtud ennoblece.
La caca, limpiarla en casa, y no sacarla a la plaza.
El que de joven come perdices, de grande caga las plumas.
Yunta buena o yunta mala, el buer arador, bien ara.
Buscando lo mejor suele desaprovecharse lo bueno.
No hay mejor herencia, que trabajo y diligencia.
Guagua que llora mama.
Ir despacio es de Dios; ir rápido es del diablo.
Todo hombre que quiera mentir, gran memoria debe tener.
Mal se cuece olla que no se remece.
En este mundo jodido el hijo regaña al padre y la mujer al marido.
Cada día tiene su refrán y su afán.
Lo que abunda nunca daña, cuando no es mal ni cizaña.
Como el asno, tocaste la flauta por casualidad.
Quien ha hecho treinta puede hacer treinta y uno
Llevando y trayendo se pasa el tiempo.
Digas lo que digas, siempre dirán que dijiste, que no dijiste nada
El que no se muere joven, de viejo no se escapa.
El que en Abril riega, en Mayo siega.
El mal penetra como una aguja y luego es como un roble.