Abeja muerta, ni miel, ni cera.
Pajaro que comió, voló.
Haz buena harina y no toques bocina.
Acostumbrado a su cueva el armadillo no se aleja.
Si orejas curiosas no hubiera, malas lenguas no existieran.
La lengua resiste porque es blanda; los dientes se quiebran porque son duros.
Oveja que bala, bocado que pierde.
El pez muere por su propia boca.
Quien no quiere escuchar ruidos, que se tape los oídos.
No se toman truchas a bragas enjutas.
Al que escupe para arriba, le cae en los ojos.
Tu secreto en tu seno, y no en el ajeno.
Aceituna cordobí para boca toledana no vale un maravedí.
Deja de mirar la puerta que se cerró, pues nunca encontrarás la que se ha abierto frente a ti.
Molino parado no gana maquila.
Ser lento en dar es como negar.
Tenemos dos ojos para ver mucho y una boca a hablar poco.
Cuando la cólera sale de madre, no tiene la lengua padre.
Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.
A quien tiene malas pulgas, no le vayas con burlas.
Ama de cura, puta segura.
La lengua rompe huesos aunque ella no los tenga.
Si no tienes un enemigo dentro, poco podrán hacer los enemigos de fuera.
El que se convida, fácil es de hartar.
Ir a matar lobos no es para bobos.
Cántaro vacío, con solo aire hace ruido.
Quien solo piensa en lo que en su vientre entra, no vale más que lo que de su vientre sale.
Entre el si y el no de una mujer, no cabe ni la cabeza de un alfiler.
Entre casados y hermanos no hay que meter las manos.
A mal dar, apretar el culo contra el sitial.
Quien mocos envía, babas espera.
Gato dormilón, no pilla ratón.
Vamos arando dijo la mosca sentada arriba de los cachos del buey.
El que no engorda comiendo, no engorda lamiendo.
La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
Flor temprana fruto no grana.
Los oídos no sirven de nada a un cerebro ciego.
Tanto pedo para cagar aguado.
Quémese la casa sin que se vea el humo.
El que no tiene dinero en su bolsa, deberá tener palabras agradables en su boca.
Donde no hay harina todo es mohína.
El que come y canta, pronto se atraganta.
El que nace para pito nunca llega a corneta.
Los pájaros pueden olvidar la trampa, pero la trampa no olvida a los pájaros.
Bala que zumba, no mata.
La miseria es como la tos, no se puede esconder.
Nace en la puerta lo que el hortelano no siembra.
Mejor haber soplado con fuerza, que tener la boca quemada.
Si una puerta se cierra, otra se abre.
No hay bicho tan raro como el hombre avaro: para más guardar y tener, se muere por no comer.