Hierba mala nunca muere.
De todos es la huerta que no tiene cerca ni puerta.
No cuentes los polluelos antes que salgan los huevos.
Junio, Julio y Agosto, ni dan vino ni mosto.
El llanto sobre el difunto.
Del árbol del silencio pende el fruto de la seguridad.
Más tiene el rico cuando empobrece que el pobre cuando enriquece.
El dinero corrompe al hombre.
Le vale mucho más al cuerdo la regla, que al necio la renta.
A quien con malos anda no le arriendo la ganancia.
Remendando y zurciendo, vamos viviendo.
Vino y mujer, te ponen al revés.
Zurra que te zurra y así andará la burra.
Rodilla de lana a su dueño engaña.
Casa no hará, quien hijos no ha.
En San Antón, calabazas al sol.
La que se viste de verde, o es guapa o se lo cree.
Por el interés, hasta lo feo hermoso es.
El de sabio corazón acata las órdenes, pero el necio y rezongón va camino al desastre.
Aprendiz de muchos oficios, maestro de maldita cosa.
Más vale tener malos amigos que buenos enemigos.
Si no valiese por testamento, valga por codicilo.
Lo que sea de la mar, todo es azar.
Un apóstol en el cielo y un escribano en el suelo.
Hijos y mujer añaden menester.
Huerta sin cerdo, no tiene dueño.
Para gallo sin traba, todo terreno es cancha.
Alegría amagada, candela apagada.
El vino es un traidor: primero es amigo y después, enemigo.
Con rastra y soltera, tenla por ramera.
El perro de buena raza hasta la muerte caza.
Las gotas de lluvia eran tan grandes como ubre de vaca.
Viejo que buen vino bebe, tarde muere.
Cada hombre cuerdo lleva un loco dentro.
Está más loco que una cabra.
La mentira anda con muletas, y la verdad sin ellas.
El perro le manda al gato, y el gato a su cola.
El que no tiene amigos, tema a los enemigos.
El vino, comido mejor que bebido.
El chocolate excelente, para poderse beber, tres cosas ha menester: espeso, dulce y caliente.
A ninguno le hiede su mierda sino la ajena.
La vieja escarmentada, pasa el río arremangada.
Más se aprende en un día de soledad que en ciento de sociedad.
Por la hebra y por el hilo, se sava el ovillo.
El oro luce, y la virtud reluce.
Gente de navaja, poco trabaja.
Para presumir hay que sufrir.
Ni la humildad de los pescadores ni el cinismo de los mercaderes empañaran la pureza de las perlas.
El que hace feliz a una mujer, es su esclavo; quien la hace desgraciada, es su dueño.
Apagón de noche y candil de día, todo es bobería.