Dios no podía estar en todas partes, por consiguiente creo a las mujeres.
Berza vuelta a calentar y mujer vuelta a casar, al diablo se le pueden dar.
No hay espada contra la simpatía afectuosa
Más caliente que un brasero, la bragueta de un herrero.
De buenos y de mejores a mi hija vengan demandadores.
El casamiento y el buñuelo quieren fuego.
Amigo traidor, una buena cuerda y colgado al sol.
Vuelva usted el sábado, que hoy no hay mendrugos.
A la lengua y la serpiente hay que temerles.
Los animales feroces no se matan nunca por placer. Solo el hombre lo hace
Agua vertida, mujer parida.
Cuando el árbol está desarraigado, las hormigas lo toman por asalto.
Dar tiro.
Cada vez que el murmurador charla, echa abajo una acera de casas.
No menosprecies al cachorro débil, podría convertirse en un tigre feroz.
Hacer de un camino, dos mandados.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
No por mucho madrugar amanece más temprano.
Muchos amigos pequeños, hacen a un enemigo grande.
Por San Andrés, la nieve en los pies.
Pescado de buen comer, del mar ha de ser.
Esto de mi casamiento es cosa de cuento; cuanto más se trata, más se desbarata.
Todos: mozos, viejos, reyes y pastores estamos sujetos a sentir amores.
Aquel es hombre, que corresponde al nombre.
Ser amable es ser invencible.
Huéspedes vendrán que de casa nos echarán.
La última cuenta la paga el diablo.
El ingrato por un favor, coces cuatro.
La lengua, aunque no tiene huesos los quiebra.
Un gramo de discrección vale por un kilo de ingenio.
Caballo cosquilloso no lo compres, aunque sea hermoso.
Cada uno en su casa, al rey hace cabrón.
Aconseja al ignorante, te tomará por su enemigo.
Quien ríe el viernes, llora el domingo.
Nadie es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo.
Es demasiado necio para ser loco.
Perros raspan, pero la caravana passa.
No hay montaña sin niebla, de la misma forma que no hay hombre de mérito sin calumnias.
En Febrero, el loco, ningún día se parece a otro.
Cielo borreguero, vendaval o agua del cielo.
Ni hombre tiple, ni mujer bajón.
A nadie le duele la cabeza cuando consuela a otro.
Las cosas lo que parecen.
De pequeños principios resultan grandes fines.
Obra a destajo, no vale un ajo.
El agua para los bueyes y el vino para los reyes.
A quien te hizo beneficio, está siempre propicio.
Muchos pocos hacen un mucho; muchos granos de arena forman una pagoda.
Nunca mates una mosca sobre la cabeza de un tigre.
Los cojones del cura de Villalpado, los llevan cuatro bueyes y van sudando.