Loro viejo no aprende a hablar.
Frío es el amigo, y caliente el enemigo.
A todo hay remedio sino a la muerte.
Quien por mucho deja lo poco, suele perder lo uno y lo otro.
No busques en el amigo riqueza, ni nobleza, sino buena naturaleza.
El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, más luego se clarifica.
Las noticias malas nunca llegan solas.
El dinero del juego muchos lo tienen, pero pocos lo retienen.
Espera debajo al que está arriba, caerá.
La esperanza es lo último que se pierde.
Quien tiene hijo en tierra ajena, muerto le llora, y vivo le espera hata que llega la triste nueva.
Donde hay dolencia, haya paciencia.
No es gallina buena la que come en casa y pone fuera.
Gracias que hacen pero no la ven.
La malicia hace sucias las cosas limpias.
El universo no es más que una enorme ciudad, llena de seres, divinos y humanos que por naturaleza se aman unos a otros.
De arriero a arriero no pasa dinero.
Camino malo se anda ligero.
Incluso las torres más altas empiezan en el suelo.
De invierno, la levadura; de verano, la mujer aguda.
No basta parecerlo, hay que serlo.
Queda sin compañeros el hombre exigente hasta en los últimos detalles.
El interés tiene pies y yo también.
Mujeres y almendras, las que no suenan.
Pronto y bien, rara vez juntos se ven.
Cuando promete un hombre honrado, queda obligado.
El oro se prueba en el fuego y los amigos en las adversidades.
Reniego del amigo que me encubre el peligro.
Nunca mejor está el árbol que en la tierra donde se cría.
Quien adama a la doncella, el alma trae en pena.
Otro tiempo vendrá, y el que hoy no puede, podrá.
Aunque mucho suena, solo echa aire la trompeta.
El ojo no lleva carga, pero sabe cuánta puede soportar la cabeza.
El ser humano es bueno cuando hace mejores a los otros.