El amor es loco, pero a muchos vuelve tontos.
Tres son las velas que disipan la oscuridad: la verdad, el conocimiento y las leyes de la naturaleza.
Toda virtud está siempre entre dos vicios
Deja la contienda, y no te quebrarán la cabeza.
El aire que corre muda la veleta, más no la torre.
El bien viene andando, pero el mal volando.
Panojal que embarba, garojo que desgrana.
Llorara la madre al hijo, más que la nieve al granizo.
Haz como la campana, que tañe y calla.
El sol sale para justos y pecadores.
Mañana de niebla, tarde de paseo.
Tarde roja y negra mañana alegran al peregrino
Socorro tardío, socorro baldío.
Buena es la justicia si no la doblara la malicia.
Y vuelta la burra al trigo.
El amor que se lleva el viento, que te sirva de escarmiento.
Bendita sea la mata de Mayo, que se secó lloviendo.
El pez que busca el anzuelo busca su duelo.
Barba roja, mucho viento porta.
Alegrías y pesares, te vendrán sin que los buscares.
Para prosperar, madrugar.
La fortuna enloquece a lo mismos que favorece.
De las uvas sale el vino, y del vino el desatino.
A las armas las carga el diablo y las descargan los imbéciles.
Quien acecha por agujero, ve su duelo.
Agua en cesto, y amor de niño y viento de culo, todo es uno.
El silencio es más disiente, que la palabra imprudente.
Lo que se deja al tiempo es del tiempo
Los amigos van y vienen, los enemigos se acumulan.
Agua de lluvia, siempre delgada y nunca sucia.
Calenturas otoñales, o muy largas o mortales.
Dar una de cal y otra de arena.
Frio, frio, como el agua del rio.
El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
Más se perdió en el diluvio.
La alegría, Dios la da y el diablo la quita.
A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
Cuando la mala ventura duerme, nadie la despierta.
Se nace llorando, luego se comprende el por qué.
Más dura será la caída.
A la noche, arreboles, a la mañana habrá soles.
Cayendo el muerto y soltando el llanto.
Ruin consuelo el aplauso de los muchos.
El día que arda la enramada, se verá la llamarada.
De la noche en la espesura, hasta la nieve es oscura.
Cuando se desahoga el sentimiento, la pena es menos.
A fuerza de duros caen los más fuertes muros.
Siembra quien habla y recoge quien calla.
Cuando el toro desconoce el tintineo del cencerro de su rebaño se pierde.