Amaos los unos a los otros, como la vaca ama a su ternero.
Arroz que no se menea, se quema.
Viva cada cual como quisiere y yo como pudiere.
Amistad quebrada, siempre mal lanada.
Quien come aprisa, come mal.
Pa'trás como las del marrano.
¿Qué culpa tiene la estaca, si el sapo salta y se estaca?
...es de los que tiran la piedra y esconden la mano.
Tan sano es el trabajo, como en la sopa el ajo.
El que solo come su gallo, solo ensilla su caballo.
Peca igual el que mata la vaca, como el que le agarra la pata.
El que con tontos anda es por sacarles la pasta.
Alegría, albarderos que bálago se arde.
Tal queda la casa de la dueña, ido el escudero, como el fuego sin trashoguero.
Estoy más salado que la bragueta de un pescador.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
A la oveja mansa, cada cordero la mama.
¿saldrá humo de una chimenea apagada?.
Dan el ala para comerse la pechuga.
A mal dar, apretar el culo contra el sitial.
Nunca falta un borracho en una vela.
El casamiento y el buñuelo quieren fuego.
Un abismo llama a otro y un pecado a otro pecado.
El golpe de la sartén, aunque no duela, tizna.
Variante: El pez que busca el anzuelo, busca su duelo, dice mi abuelo.
El pez grande se come al chico.
Pan y vino es media vida, la candela la otra media.
Lo que cada uno vale, a la cara le sale.
Cada uno en su casa es rey, pero su mujer hace la ley.
Quien ha probado un buen pez, quiere comerlo otra vez.
Donde otro mete el pico, mete tú el hocico.
Cada día gallina, amarga la cocina.
A la col, tocino; y al tocino, vino.
El que busca las escogidas, se queda con las raídas.
Sal derramada, quimera armada.
A quien amasa, una le pilla y ciento le pasa.
Yo soy la que hiedo, que no el atún que vendo.
Quien siembra favores, cosecha rencores.
El brasero, llega mejor a los primeros.
El que lava la cabeza del asno, pierde el jabón, y el que predica en desierto pierde el sermón.
Tanto peca lo mucho como lo poco.
La manera de ver la luz divina es apagar tu propia vela.
El pez que no se ha cogido es siempre el más grande y el anzuelo siempre el más pequeño
Dios manda la carne y el diablo a los cocineros.
El viejo y el horno por la boca se enciende.
Corre la vaquilla mientras dura la soguilla.
Dar puntada sobre puntada, como sastre en víspera de pascua.
Oveja harta de su rabo se espanta.
A la mujer bailar, y al asno andar y rebuznar; faltando quien, el diablo se lo ha de enseñar.
Quiere meter la cuerda y sacar listón.