Cada mochuelo, a su olivo.
Cada uno con su humo.
Cada palo que aguante su vela.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
Cada ratón tiene su nido y cada mujer su abrigo.
Que cada zorro cuide su propia cola.
La tierra no la heredamos de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos.
A cada cual lo suyo y a Dios lo de todos.
Cada día un grano pon, y harás un montón.
Cada uno se apaña según tiene maña.
Cada grumo tiene su humo.
Fiado has, tu pagarás.
Cada cual mire por su cuchar.
A cada pez le llega su vez.
Las piedras que mucho ruedan no forman limo.
Juntársele a alguien el cielo con la tierra.
Vida del campo, o para tonto, o para Santo.
Cada balanza tiene su contrapeso.
Cada cabeza es un mundo.
Cada cual quiere las cosas a la medida de sus narices.
A cada uno lo toca escoger, la cuchara con la que ha de comer.
A flores nuevas, afeite perdido.
Limando se consigue de una piedra una aguja
El agua fluye, las piedras se mantienen.
A cada cajón, su aldabón.
Dar a la tierra el grano, para que retorne la mazorca.
Toda piedra golpea el pie de un pobre.
Casa de piedra, firme y duradera; casa de tierra, casa de mierda.
Cada hombre deja sus huellas.
El que tiene tierra, tiene guerra.
Para todo perdido, algo agarrado.
Todo tiene un fin.
Donde va el mar, que vayan las arenas.
El rocín, para polvo; la mula, para lodo; el mulo, para todo.
Una van de cal y otra van de arena.
A tu tierra grillo aunque sea con una pata.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
De floja tierra, nunca abundante cosecha.
El trigo en tierra arcillosa y el centeno en arenosa.
A dineros dados, brazos quebrados.
Huerto, mujer y molino, quiere uso continuo.
Campo florido, campo perdido.
Cuando el río suena es porque piedras trae
Callar y coger piedras es doble prudencia.
Donde quiera que pone el hombre la planta, pisa siempre cien senderos.
Una de cal y otra de arena, y la obra saldrá buena.
A la mañana los montes, y a la tarde las fontes.
El uso es maestro de todo.
Cada día tiene su trabajo suficiente.
Despacito por las piedras