Cada uno tiene su alguacil.
Camino de Santiago, tanto anda el cojo como el sano.
El hombre descalzo no debe andar entre espinos.
Cada necio quiere dar su consejo.
Cada altar tiene su cruz.
La que al andar las ancas menea, bien se del pie que cojea.
Callar y callemos que todos de barro semos.
Cada gusto cuesta un susto.
A cada santo le llega su día.
Cada cual se cuelgue lo que mate.
La aguja en el dedo hace mal, pero no en el dedal.
Hay gente que le das la mano y te agarra el pie.
A dineros dados, brazos quebrados.
A quien le dan el pie, se toma la mano.
Cada cual es dueño de su miedo.
Refregadas, duelen más las llagas.
Zapato que aprieta, no me peta.
Caérsele a uno los palos del sombrajo.
Boi que remoe, nada lle doe Buey que rumia, nada le duele.
No mes dos mortos mata os teus porcos
Cada cual ama a su igual y siente su bien y su mal.
A muller é o carniceiro médralle a carne na man.
Al mal torero, hasta los cuernos le molestan.
Cada cual mire por su cuchar.
Cada palito tiene su humito.
Cada uno en su negocio sabe más que el otro.
A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.
Donde quiera que pone el hombre la planta, pisa siempre cien senderos.
Cada mochuelo a su olivo y cada puta a su rincón.
Los tropezones enseñan a levantar los dedos.
Todo mono sabe en que palo trepa.
Los pies van donde va el corazón
Dar caramelo.
A quien le duele una muela que la eche fuera.
Lágrimas quebrantan o ablandan penas.
Saber cuantas púas tiene el peine.
Antes de decir de otro cojo es, mírate tú los pies.
No hay viejo sin dolor.
Cabra que cojea, o mal come, o mal sestea.
Cada uno tiene su cada una, y cuando no, la busca.
El que no tiene cabeza, tiene que tener pies.
Bobos van al mercado cada cual con su asno.
Seguido, seguido, hasta que pase el dolor.
Boca de verdades, temida en todas partes.
Todo cojo le echa la culpa al empedrado
Los pies del hortelano no echan a perder la huerta.
El dolor es antiguo
Mucho sabe quien callar sabe.
Cada uno muere de su vicio.
Cada mono sabe de qué árbol se cuelga.