A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
El que se mete a loro debe saber dar la pata.
Cada uno habla como quien es.
No me llega pero ni a la suela de los zapatos.
Abuso no quita uso.
Tres cosas matan al hombre: soles, cenas y penas.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
El burro sabe a quien tumba y el diablo a quien se lleva.
Cuando uno no sabe bailar, dice que el suelo está húmedo.
En cada legua hay un pedazo de mal camino.
Cabra coja, mal sestea.
A la que sabes mueras, y sabía hacer saetas.
Cada uno canta como le pagan.
A cada rey su trono.
Donde otro mete el pico, mete tú el hocico.
Más sabe quien mucho anda que quien mucho vive.
El que sabe sabe, y el que no sabe es gerente.
Nunca falta un roto para un descosido.
Unos saben lo que hacen y otros hacen lo que saben.
A cada cual dé Dios el frío como ande vestido.
Tan cabrón se es con un cuerno como con dos.
Para curar el mordisco, babitas del mismo "pizco".
Los celos son el amor propio de la carne
Sé arrojado, pero no demasiado.
Dices tu pena a quien no le apena, te quejas a madre ajena.
Para otro perro ese hueso, tan descarnado y tan tieso.
Cada uno tiene sus gustos; por eso hay ferias.
El casa del muerto cada uno llora su duelo.
El que sabe sabe y el que no lo inventa.
Calles y callejas tienen orejas.
La ignorancia es la medicina, el conocimiento enfermedad.
El que no cae, resbala.
A cada parte hay tres leguas de mal camino.
Cuando el daño está hecho todos saben aconsejarte
Si eres yunque, aguanta como yunque; si eres maza, hiere como maza.
Cojo con miedo, corre ligero.
Como la fortuna es ciega, dalo al primero con quien se tropieza.
Si camina de noche y pica, en el corazón siente una cosita.
Cuando el tabernero vende la bota, o sabe a la pez o esta rota.
Tal para cual, Pascuala con Pascual.
En cada casa cuecen habas, y en la mía calderadas.
Hay quien mea en caldera y no suena, y hay quien mea en lana y atruena.
Donde hay provecho, pies y manos, oreja y pecho.
Por Santa Cruz, toda vida reluz.
Cada cosa a su tiempo, y los nabos en adviento.
Los defectos son como los olores: los nota más la persona de al lado que el que los lleva
El orgullo ciega por unos instantes, dejando recuerdos indelebles
Al mal trabajador no le viene bien ningún azadón.
El que vende un caballo es porque patea.
Por Santa Catalina coge tu oliva, la vieja que lo sabía cogida la tenía.