Entre las gentes, hay mil gustos diferentes.
La Justicia y la muerte igualan a todos los vivientes.
A siervos y a reyes, da Dios unas mismas leyes.
Cada día es maestro del anterior y discípulo del siguiente.
Cada cual se cuelga lo que mata.
Cinco dedos son hermanos, no iguales.
Son como dos jueyes en la misma cueva.
O todos moros o todos cristianos.
Cada maestrillo, tiene su librillo.
Cada maestrito tiene su librito.
Cada burro apechuga con su carga.
Cada cual debe ocuparse únicamente de aquello que entienda o le competa.
Cada casa es un caso.
Nadie con su suerte está contento y todos con su talento.
Tal para cual, Pascuala con Pascual.
En cada pago, su viña, y en cada barrio, su tía.
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.
Tal el hombre debe ser, como quiera parecer.
Ni con cada mal al físico, ni con cada pleito al letrado, ni con cada sed al jarro.
Cada uno donde es nacido, y bien se está el pájaro en su nido.
Boda, en igualdad, hasta en la edad.
Cada cual echa sus cuentas; unas veces va errado y otras acierta.
Ojo por ojo, diente por diente.
Cada día tiene su trabajo suficiente.
Está como aji titi.
Cada abeja vive en su colmena y no se mete en la ajena.
Con la misma vara que midas serás medido.
El que ama, teme.
A cada uno le huele bien el pedo de su culo.
Bien haya quien a los suyos se parece.
Que cada perrillo se lama su cipotillo. (Variante: que cada perrico se lama su cipojito (Cartagena)
Ojo por ojo y diente por diente.
Por fuerte que seas, siempre existe otro más poderoso que tú
A cada uno lo toca escoger, la cuchara con la que ha de comer.
Cada gusto cuesta un susto.
Hinca el pico, igual el feo que el guapo, y el pobre que el rico.
Cada cual sabe donde le aprieta el zapato.
Detrás de un hombre capaz hay siempre otro hombre capaz.
Las cosas se parecen a sus dueños.
Cada uno reniega de su oficio, pero no de su vicio.
Los dedos de la mano no son iguales.
Cada gorrión tiene su corazón.
Cada uno como pueda se explique, y se rasque donde le pique.
Cada cual es dueño de su miedo.
Cada hombre deja sus huellas.
Cumplir cada uno su deber a nadie sino a Dios temer.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
Se amigo de ti mismo y lo serán los demás.
Imite y supere el envidioso al envidiado; más que él será elogiado.
Juegos, pendencias y amores, igualan a los hombres.