Suerte, y al toro.
Quien con los perros se trata, aprende hasta alzar la pata.
Casa que al amanecer no está abierta, es colmena muerta.
A mal pisto, buena sangre de Cristo.
Hay que comer del ala para comer de la pechuga.
Caballo que de joven no corre, dentro lleva la carrera.
Chico hoyo hace el que se muere apenas nace.
Casa convidada, pobre y denostada.
Coces de yegua, amor es para el rocín.
Ya están las migas en la poyata, y el que se descuide no las cata.
Venía como muela del juicio, picado y hasta atrás.
Náufrago que vuelve a embarcar y viudo que reincida, castigo piden.
Olla con jamón y gallina, ¡canela fina!.
Hasta la muerte, todo es vida.
Fuente de pastores, en invierno tiene agua, y en verano, cagajones.
Buena vida, padre y madre olvida.
Las llaves en la cinta y el perro en la cocina.
Sueños de hombre pobre, pedos de burra vieja.
Febrerillo el loco, que sacó a su padre al sol, y lo aporreó.
Buey lerdo, bebe agua turbia.
Habiendo fiesta y velorio regado, no hay novia fea ni muerto malo.
Angelitos al cielo, y a la panza los buñuelos.
Palabras vacías no llenan un estómago vacío.
El labrador siempre está llorando, o por duro o por blando.
Gallo que es bueno, lo mismo canta en su corral que en el ajeno.
Dar santo y bueno, pero del pan del ajeno.
Pandequeso caliente: quien no lo compre, no lo tiente.
Debajo de la mata florida, está la culebra escondida.
Rama larga, pronto se troncha.
Dar a la tierra el grano, para que retorne la mazorca.
A la bota, darla el beso después del queso.
El joven puede morir, pero el viejo no puede vivir.
Ajo que del hornillo salta, al diablo vaya.
Criados, enemigos pagados.
Jamás en el mismo plato, comen el ratón y el gato.
A la leche, nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡déjate caer, valiente!.
Tanto va el cantaro al agua, que al fin se rompe.
Antes doblar que quebrar.
Mala cosa nunca muere.
Deja tranquilos a los perros que duermen.
Tira más pelo de coño que calabrote de marinero.
La zorra, cuando no llega a las uvas, dice que están verdes.
O todos moros o todos cristianos.
No hay gallina gorda por poco dinero.
El que peca de modesto, es tirado en un cesto.
Al mal segador la paja estorba.
Para poner el rejo flojo, hay que meterlo en remojo.
Vale más pan con amor que gallina con dolor.
Por los Reyes lo conoce el buey, y por San Sebastián el gañán.
Dádiva de lo mal ganado, no la recibe Dios con agrado.