Sol madrugador y cura callejero, ni el sol calentará mucho ni el cura será bueno.
El que ríe de lo que desconoce esta en el camino de ser un ignorante.
Remo corto, barca pequeña.
Ya no bebo vino, porque me cuesta dinero; pero siendo de balde, echa vino tabernero.
Quien con pícaros se amaña, es de la misma calaña.
Lo comido por lo servido.
Entre padres e hijos no metas los hocicos.
Miércoles de ceniza, que triste vienes, con 46 días que traes de viernes.
Sacar las cosas de quicio, no se hace sin perjuicio.
El hombre no puede saltar fuera de su sombra.
Mata al tigre y le tiene miedo al cuero.
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo
Poco freno basta, para la mujer casta.
Nieve en octubre, siete lunas cubre.
Cuando el hombre se mea las botas, no es bueno para las mozas.
Al trabajo, yerno, que viene el invierno.
La ausencia es al amor lo que al fuego el aire: que apaga al pequeño y aviva al grande.
Abril, siempre fue vil.
Ahora que tengo potro, pongo la vista en otro.
Antes huir que morir.
La barca pasa, la orilla queda
Al que al cielo escupe, en la cara le cae.
Agua al higo y a la pera vino.
Los vicios no necesitan maestro.
Cuando ya no se ama se pierde de golpe la memoria
Hasta al de más discreción, la plata lo hace soplón.
Tu quieres que el león me coma.
No hay nada nuevo bajo la capa del cielo.
Quien roba una vez, roba diez.
Cuando uno se enoja, la razón se va de paseo.
El mísero y mendigo pruebe con todos y luego con el amigo
La casa quemada, acudir con el agua.
Por San Antón, la gallina pon.
Las uvas están verdes.