Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
El río pasado, el santo olvidado.
Una vez al año, y ésa con daño.
Cabra que cojea, o mal come, o mal sestea.
Como estará el infierno para que el diablo dé limosna.
Alábate, asno, que te crece el rabo.
La verguenza es último que se piedre.
Burro cargado, busca camino.
Quien da para recibir no da nada
Al cielo nadie va con ojos secos.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Cuando el tonto va, ya de vuelta el listo está.
Ni caldo recalentado ni amigo reconciliado.
Cuando el pastor pierde la oveja, paga con la pelleja.
Comadre andariega, donde voy allá os fallo.
Jugando, jugando, se dicen agrias verdades de cuando en cuando.
Cuervos vienen, carne huelen.
A la gente alegre el cielo la ayuda
El que come aprisa, come mal.
La zorra muda de pelo, pero de costumbre no.
El que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse.
Ni "arre" que corras ni "so" que te pares.
Obrita que en sábado viene, puntadita de a palmo y salto de liebre.
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
Hiciste como Blas, ya comiste, ya te vas.
Esto ya se está pasando de castaño a oscuro.
Si entre burros te ves, rebuzna alguna vez.
Si entre burros te conocen, rebuzna y de cuando en cuando tira coces.
Para San Matías se van los tordos y vienen las golondrinas.
En Octubre, la oveja cubre.
Volverse humo.
Zorra dormilona, su cara lo pregona.
Acabada la misa, se parten las obladas.
A por uno voy, dos vengais, si venís tres, no os caigáis.
Hay que tomar el toro por las astas.
La gloria, a la larga, se torna amarga.
Cuando el sol se da la vuelta, a la mañana siguiente el agua llega a los pies
Zorra en viña, aligera la vendimia.
De carbonero mudarás, pero de ladrón no saldrás.
Más ata pelo de coño que maroma de barco.
A feria vayas que más valgas.
En lo ajeno, reina la desgracia.
Cuando Marzo marcea, la vieja en el "jogarín" se mea.
El amor y la tos no pueden ocultarse.
La alegría da resplandor a la piel de la cara
De boca para fuera.
Donde hay miedo hay poco lugar para el amor
El abad canta donde yanta.
Mientras comemos, ¡qué buenos semos!; cuando ayunamos, ¡qué mal andamos!.
Para volver a la buena senda, cualquier hora es buena.