Zorra dormilona, su cara lo pregona.
Que tu mano derecha no sepa lo hace la izquierda.
¿Quieres que en consejo hagan de ti cuenta?. Contradice tú a cualquiera.
Quien abierta su arca deja, si le roban, ¿de quién se queja?.
Los pequeños ladrones, desde la cárcel, ven pasar a los grandes ladrones en carroza.
Muchos componedores descomponen la novia.
Nadie come gallina gorda de mano ajena.
En la casa del cura, siempre reina la ventura.
Berzas y tocino, manjar de vizcaíno.
Al que escupe para arriba, le cae en los ojos.
Lo que hiciere la diestra, no lo sepa la siniestra.
Tener dolor de muelas detrás de la oreja
Sal derramada, quimera armada.
Favorece a los tuyos primero, y después a los ajenos.
Somos lo que hacemos, sobretodo lo que hacemos para cambiar lo que somos.
Mal acomodado es desnudar un santo para vestir a otro.
Mira a tu suegra, así será tu mujer de vieja.
La curiosidad anda en busca de novedad.
Rencillas entre amantes, mayor amor que antes.
Cuando fueres a la venta, la ventera sea tu parienta.
Roba tú por allá, que yo robaré por acá.
Buscarle la quinta pata al gato.
La mucha confianza es cuna de menosprecio.
No te metas en el seno, sabandija con veneno.
Hasta la hormiguilla tiene su colerilla.
Al amigo pélale el higo, al enemigo, el melocotón
A quien no se lo merece, la virgen se le aparece.
Cacarear y no poner, bueno no es.
Codicia mala a Dios no engaña.
Agua no quebranta hueso.
Mujer precavida vale por dos.
El mayor desprecio es no hacer aprecio.
Pendejo que al cielo va, lo joden también allá.
El mal para quien lo fuere a buscar.
Las maldiciones son como las procesiones; por donde salieron vuelven a entrar.
El vino y la mujer, el juicio hacen perder.
Bestia que no es tonta, sabe quien la monta.
Más quiero asno que me lleve que caballo que me tire.
Amar a todos, temer a Dios tan solo.
Gallina que come huevo, aunque le quemen el pico.
Dios me guarde de mis amigos, que de mis enemigos ya me cuido yo.
De mala vid, mal sarmiento.
Bella o fea que sea, no la tengas jamás en compañía.
Si los dos esposos son gastadores, la casa se quema por los cuatro costados.
Mas vale dar que recibir.
Los hombres dan a los amigos la alegría, y a sus mujeres, la murria
Buen hondero el que mete dos piedras por un mismo agujero.
Nada hay más atrevido que la ignorancia.
Brilla por su ausencia.
El ídolo adulado pronto ennegrece