El bobo si es callado, por sesudo es reputado.
Si orejas curiosas no hubiera, malas lenguas no existieran.
Cada agujetero alaba sus agujetas.
No hables por boca ajena.
Costumbre mala, desterrarla.
Es costumbre de villanos tirar la piedra y esconder la mano.
Cuando uno no sabe bailar, dice que el suelo está húmedo.
Con gente mal criada, nada.
Cuando la vela azota al palo, malo.
Culo sentado, hace mal mandando.
Mal por mal, mejor está mi Pascual.
Más fea que ver a la madre ahogarse atarugada de sebo.
Hay quien las mata callando.
Ni hables como doliente, ni vivas entre vil gente.
Los extremos nunca son buenos.
La verdad al censurado, siempre causa desagrado.
Poco mal y bien quejado.
Al buen callar, llaman Santo.
Hace un frío que se hielan las palabras.
Las palabras amables enfrían mejor que el agua.
Tanto pedo para cagar aguado.
Donde hablen, habla; donde ladren, ladra.
Cali es cali y lo demás es loma.
Más dañado que agua de florero.
Razonar para reñir, es cosa de reír.
No sufras por calenturas ajenas.
Lo malo, a quien lo apetece, bueno y justo le parece.
De hurtar una castaña y otra castaña, se hace la mala maña.
Al mal trabajador no le viene bien ningún azadón.
Callar y coger piedras es doble prudencia.
Hablar bien y hacer bien terminan con la misma letra; hablar bien es bueno, pero hacer bien es mejor.
Hablar de la mar, y en ella no entrar.
Mal es acabarse el bien.
Al mal segador la paja estorba.
En mala casa, mal amo y mala masa.
Vale más rodear que mal andar.
La cana engaña, el diente miente, pero la arruga, no cabe duda.
Quien habla sin razonar, mucho lo ha de lamentar.
En vida de nadie te metas que salen perdiendo las alcahuetas.
Cuando el andaluz canta, una pena tiene en la garganta.
Quedarse como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando.
Alabanza propia es vituperio.
No digas de este agua no beberé, por turbia que baje el agua mayor puede ser la sed.
A mala venta, mala cuenta.
Mal se cuece olla que no se remece.
Humedades de Abril, malas son de salir.
Boca con duelo, no dice bueno.
Abanico calañés cuesta dos cuartos o tres.
Mejor que gruña el cochino que los hijos de tu vecino.
El que habla de más, cansa; y el que habla de menos, aburre.