Oficio de albardero, mete paja y saca dinero.
Casar, casar: bueno es de mentar y malo de llevar.
De tu casa a la ajena, con la barriga llena.
Lo que es ajeno, siempre clama por su dueño.
El hombre puede hacer mucho, pero la belleza más
A los tuyos, con razón o sin ella.
Al perro y al niño donde le den cariño.
Dos no riñen si uno no quiere.
Dios castiga sin piedra ni palo.
Sabiduría probada, no dársele a uno para nada.
No es lo mismo estar comprometido que estar involucrado.
Ladra de noche para economizar perro.
Al hombre y al caballo, no apurallo.
Ni musa sin jarra, ni enamorado sin guitarra.
Más barato es cuidar que edificar.
Pedro se casó en mi pueblo, cojo, manco y jorobado; cómo seria la novia si fue engañado.
El que da pan a perro ajeno, pierde el pan, pierde el perro.
Amigo y casa vieja, para otro los deja.
Cántaro roto para tiesto vale.
Sarna con gusto no pica.
La verdad es a veces amarga de tragar. Pero, como toda buena medicina, hay que tomarla.
Noviembre caliente, mayo helado.
Quien no ha sudado la plata, la coge y la desbarata.
Sale más caro el candil que la vela.
Mejor maestra es la pobreza que la riqueza.
Una palabra bondadosa puede calentar tres meses de invierno.
Entre hermanos, si la prueba se gana o se pierde, da lo mismo.
Tanto pedo para cagar aguado.
Dad limosna a este pordiosero, que le sobró vida y le faltó dinero.
Mas mata la duda que el desengaño.
Los libros, ¡cuánto enseñan!, pero el oro ¡cuánto alegra!.
Nobleza y cariño, los hereda el niño.
Los besos de las mujeres son como las cuentas de un rosario, en saliendo la primera salen todas las demás.
Hasta las penas severas, con plata son llevaderas.
Añorar el pasado es correr tras el viento.
Tiene suficientes riquezas el que no pide prestado ni tiene que adular a nadie.
A quien no se lo merece, la virgen se le aparece.
Dar de comer al diablo.
El corazón es un guía que los pies siguen
A sordos y ciegos hace testigos el dinero.
Calva buena, luna llena.
Eso son otros veinte pesos.
No coma cuento coma carne.
El que pone al juego sus dineros no ha de hacer cuenta de ellos.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
Lo mal adquirido, se va como ha venido.
Mientras Dios diere mujeres conviene que haya paciencia.
El trabajo y el comer, su medida han de tener.
La unión hace fuerza.
El ocio no quede impune; quien no trabaje, que ayune.