Favor de señores y temporal de Febrero, poco duraderos.
Médicos y abogados, Dios nos libre del más afamado.
Hablando, hablando, la ocasión se va pasando.
Rama larga, pronto se troncha.
Ni aún al Diablo ha de temer quien no teme a una mujer.
El silencio es más disiente, que la palabra imprudente.
Aseada aunque sea jorobada.
Hasta en el día más claro puede llover.
Dale lo suyo al tiempo, pero sin perder el tiempo.
Una pizca de discreción vale más que un manojo de conocimiento.
Todo gran amor no es posible sin pena.
Guarda pan para Mayo y leña para Abril, que no sabes el tiempo que ha de venir.
Quien hace lo que puede, hace lo que debe.
En larga jornada, la leve carga es pesada.
Quien busca mucho, al fin topa, aunque sea una muda de ropa.
Más vale dejar a los enemigos que pedir a los amigos.
Niebla que amanece, levanta y no agarra, buen tiempo que no falla.
Más vale una cuchara de suerte que una olla de sabiduría.
Donde hay nobleza, hay largueza.
Más confío en el trabajo que en la suerte.
Favores: quien menos los merece, menos lo agradece.
Lo malo nunca es bueno hasta que sucede algo peor.
Hace más la raposa que la curiosa.
Dios castiga sin dar voces.
Mal se juzga al caballo desde la silla
Gran corsario es el tiempo, siempre llevando, siempre trayendo.
La esperanza es lo último que se pierde.
El que guarda, halla.
El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses.
Algo busca en tu casa quien te hace visitas largas.
Favorecer a quien no lo ha de estimar es como echar agua al mar.
Retén y no des: porque si das, día llegará que pedirás.
Los frutos más hermosos los da el árbol más viejo Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
La fortuna mal ganada, no luce ni dura nada.
Solo triunfa en la lucha por la vida aquél que tiene la paciencia en sus buenos propósitos e intenciones.
Muchas personas son como los relojes: indican una hora y tocan otra.
No hay herida que no sane que no sea de otra manera que con el tiempo.
Remendando, remendando, vamos la vida pasando.
La que por cuaresma comenzó tarde principió.
La verdad padece, pero no perece.
Muy bueno no puede ser quien indulgente no es.
El sol siempre reluce.
La venganza es el platillo que sabe mejor frío.
Agua del cielo no quita riego.
Gran tormenta mucho espanta, pero pronto pasa.
Quien cuando puede, no quiere; cuando quiere, no puede.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
Las leyes son como las telarañas que atrapan a los mosquitos y dejan pasar a las avispas.
A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
A grandes cautelas, otras mayores.