A cama pequeña, échate en medio.
La mujer experimentada, es temida y mal mirada.
Más tira coño que soga.
A flores nuevas, afeite perdido.
Beber por jarra penada, no me agrada.
Cabra que tirar al monte no sabe, si entra no sale.
Gana tenía de tronchos quien besaba al hortelano.
Al perro muerto, échale del huerto.
Si el que te aborrece tiene hambre, dale de comer pan; si tuviere sed, dale de beber agua.
En casa del ahorcado, no mientes la soga.
Mayo frío, año de mucho frío.
La experiencia y la paciencia son gran ciencia.
De broma en broma, la verdad se asoma.
A gran calva, gran pedrada.
El que come solo, come como un animal.
Más linda que una azucena, más limpia que una patena.
El desorden almuerza con la abundancia, come con la pobreza y cena con la miseria.
La petición es cálida, el agradecimiento es frío.
Caérsele a uno los palos del sombrajo.
El sabio no dice lo que sabe y el necio no sabe lo que dice.
Barriga lisa no necesita camisa.
Es de sabios preguntar y de tontos el callar.
Oír es precioso para el que escucha.
La que tiene cara honrada, no encuentra puerta cerrada.
Por más bonita que sea, también suda, caga y mea.
A quien vela, todo se le revela.
Consejo no pedido, consejo mal oído.
El diablo, harto de carne, se metió a fraile.
Es un garbanzo de a libra.
Hombre refranero, maricón o pilonero.
Comer uva y cagar racimo.
A nadie le hace mal el vino si se bebe con tino.
Variante: A cada pajarillo le gusta su nidillo.
Cuando el español canta, o ha llorado o no tiene blanca.
Con el viento fuerte se conoce la resistencia de la hierba.
Buen caballo, buena espada y buena mujer, ¿qué más has de apetecer?.
No gastés pólvora en chimancos.
Come, duerme y engorda, y si te llamaren, hazte la sorda.
Los tambores de guerra son tambores de hambre.
Los castellanos tienen más lengua que manos.
La fortuna es un cristal; brilla pero es frágil.
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
De grandes cenas, están las tumbas llenas.
La más cómoda herramienta, al perezoso le asienta.
Pobreza, víspera de vileza.
Las palabras del anciano son muchas veces oráculo.
Es como el cilindro, que cualquiera lo toca pero no cualquiera lo carga.
El parir y amasar siempre empezar.
Seca la garganta, ni habla ni canta.
Pariente que no me luzca, un rayo que lo desmenuzca.